EN AJENO TANTO ROJO BAJO LOS PÁRPADOS MÚSICA PARA PERROS
HISTORIA NO TAN BREVE DE UN SECUESTRO (O BREVE HISTORIA INFINITA) EL OCTAVO COLOR LA LENGUA DEL BOSQUE
DESDE LA SOLEDAD HACIA EL AMOR LABIOS PERDIDOS NO DAN DIRECCIÓN JAMÁS UN TRAGO FUE TAN IGNORADO
EN LUGAR DE UN SUEÑO... LA ALEGRE ENCRUCIJADA  
LABIOS PERDIDOS NO DAN DIRECCIÓN
Octavio Gómez Milián, 2005

Si las palabras son inútiles, ¿por qué escribir? Sentir el “desencanto en tiempo real” cada vez que se golpea el teclado o se agarra el bolígrafo, como un ejercicio de onanismo sentimental, puede ser una respuesta. ¿Sólo necesidad? No siempre. Autoafirmación, rebeldía, afanes de todo tipo, placer.
Aquí placer hay mucho. No esconde el autor el que siente por las palabras, por el mero hecho de arañar el papel. No a todos los poetas les gusta escribir. Hay quien no tiene otro remedio. Pero cuando uno toma en sus manos Labios perdidos no dan dirección, imagina a Eva mordiendo la manzana, saliva en las comisuras ante el papel en blanco. El placer que se siente al parir las historias (vividas o soñadas), verlas crecer y volar solas. Placer que no es recurrir a metáforas complejas, ni a piruetas semánticas. Las palabras son las que son, con los significados que sólo el poeta conoce, pero que a cada cual le llevan a un lugar diferente. Pocos vericuetos. El amor es el amor y el deseo, deseo. El deseo se cuenta apretando un cuerpo contra la pared nocturna y el desamor con versos cotidianos:

“dejo que termines tú
las condiciones de contorno.
En el placard
todas mis camisas lloran arrugadas”

Placer en el parto y en la criatura. Es él quien engarza cientos de palabras en este poemario. Placer que se busca siempre, y no siempre se encuentra. En las noches, en el trabajo, en la música, en la propia literatura y, sobre todo, en las mujeres. Las mujeres como destino y, otras veces, como punto de partida de estos anhelos coleccionados. En realidad son viñetas de tiempo de quien aún no ha cumplido los treinta. Personajes reales o creados, en ocasiones tan concretos como ignorados para quien se asoma al texto. El autor tiene 26 años, pero que nadie espere salpicarse de semen, vómitos y speed al abrir su libro. Sensualidad, sexualidad y cierta decadencia de arrabales y habitaciones solitarias, de eso sí. Textos urbanos, nocturnos y revelados en blanco y negro.

Porque son las mujeres, son también las ciudades (Zaragoza, Buenos Aires), y es uno mismo que se busca y no se encuentra en un periodo vital en el que hay que triunfar por decreto-ley. Otra vez apelo a la imaginación para ver al poeta rodeado de toneladas de papel, al ingeniero (matutino rastreador de bohemia) inventando salmos en el autobús. Se le escapan con cuidado rastros de alquimista en los textos, sabiéndose paradójico y gustándose. Es consciente de que la contradicción es mucho más sabrosa que la certeza.

Por las páginas de estos Labios perdidos… desfilan dioses y genios. Cesare Pavese, Jorge Luis Borges, Leonard Cohen, Fito Páez, Truffaut, Ana María Moix… convocados todos a la misa pagana que dibuja el poemario. Se abre con salmos y se reza a los dioses a quienes uno se quiere parecer. Que la voz propia no se pierda en el escaparate de las “influencias” es lo complicado. (Es conveniente orar siempre con los ojos abiertos, ni siquiera dios es de fiar). En este tercer libro del autor la voz propia se yergue, y no siempre es fácil, sobre la ceremonia de idolatrías y palabras prestadas.

Palabras. Aunque no sirvan para nada, ni decirlas, ni escucharlas. Escribirlas ni leerlas. ¿Por qué, entonces? Porque son el mejor cofre para guardar noches y coleccionar búsquedas. Estos labios pronuncian imposibles y los transforman en algo bello. Belleza de bolsillo, con el naipe de la ironía siempre en la manga, no vaya a desbarrar por caminos no buscados.

Octavio Gómez Milián ha escrito el poemario Por qué no nos hicimos todo el daño de una sola vez que se publicó en la editorial Devenir a finales del año 2005. Ha participado como ideólogo y letrista en el proyecto Eternautas, junto al artista Luis Díez y los músicos Javier Roldón (Bronski) y Pablo Malatesta (Sullivans, Círculos Polares) que se plasmó en una grabación de título Perdone Señor, ¿Podría ayudarme a salvar mi planeta? (La Casa en Llamas,2005) y un concierto junto a Deneuve. Recitó en el verano del 2005 en el IV Festival Internacional de Poesía del Moncayo y ahora prepara varios proyectos: Quise ser experimental y acabé siendo errático, poesía y música en recitales itinerantes, con textos de Manuel Vilas, Ángel Guinda, Sergio Algora, Dani Picore y él mismo. Además de un disco de spoken words junto a Pablo Malatesta. Continúa con el fanzine Confesiones de Margot, que pronto publicará su número 14, con un especial dedicado a los Proyectos Paralelos y escribe las Crónicas de ZarAGOTA en el portal dedicado a música aragonesa www.aragonmusical.com.

Carmen Ruiz

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Octavio Gómez Milián vino a nacer en Zaragoza el 27 de Agosto de 1978. Mientras estudia la carrera de Ingeniero Químico en su ciudad natal, su ansia por comunicar universos recreados por él mismo o por gente como Fernando Arrabal, Jean Paul Sastre, David Lynch, Leonard Cohen, Neil Gaiman, Fito Páez o Manuel Vilas, le lleva a coescribir durante tres años los guiones que presentaría en las emisiones del programa de Radio La Granja, Música para Camaleones. Este sería el germen de la desnudez de que desde entonces hace gala, y que le ha llevado a compartir miedos, dudas, alegrías y deseos, desde la cúpula imaginativa del fanzine Confesiones de Margot. En el verano del 2002 comenzaría su año argentino, siendo adoptado por Buenos Aires, a quien regalaría el libro de relatos “Piazolla Hora Zero”, aún sin padrino. “Tendinitis Lírica” sería la segunda referencia literaria, publicada on-line por milyunahistorias.com, y de la que para el año próximo existirá versión revisada, y esta vez en papel. Actualmente también colabora con la revista MondoSonoro como crítico musical, esporádico cronista de conciertos y entrevistador de artistas nacionales e internacionales. Su afán comunicador le ha llevado además a seleccionar y pinchar canciones en diferentes lugares, siempre bajo el pseudónimo de Leo Camaleón y en ocasiones acompañado por el resto de una colectividad de pinchadiscos que se hace llamar El Diablo Las Carga. Y podríamos acabar de perfilar (por el momento) su incontinencia creativa hablando de Cedric y los Esterotrónicos, banda virtual que publica versiones en los más bizarros recopilatorios.

Rafa Angulo